Torneo Intercolegiales 2025

Queridas Escuelas de nuestra Arquidiócesis: queríamos invitarlos a participar el VII Torneo Intercolegial que vamos a realizar los días miércoles 27 de agosto para primaria y 29 de agosto para secundaria en el Seminario Arquidiocesano. El año pasado el lema fue “Jesús te llama a vos, me llama a mí, nos llama a todos”. En este Año Jubilar para
toda la Iglesia donde el Papa Francisco nos invitaba a renovar nuestra esperanza, quisimos elegir un lema que sintetice un poco la intención de los torneos, el legado de Francisco para la Iglesia y la gracia del Año Jubilar, por eso el lema de este año es: Todos, Todos, Todos …
Para esta catequesis tomamos como referencia las palabras del Papa Francisco a los jóvenes en la Jornada Mundial de Lisboa en 2023 y la Bula del Año Jubilar.
Texto bíblico: Lucas 14, 15-24 La Parábola del Gran Banquete
Algunas claves para la meditación:
- Dios invita a todos al banquete, sin merito, sin distinción
- Los que estaban “más cerca” a veces no aceptan la invitación o ponen
escusas, los que parecen más lejanos, aceptan.
- La Iglesia nos es un lugar para exclusivos, es una comunidad abierta, una casa con puertas abiertas.
- El Papa Francisco insistía: no importa quien seas, como estés, o que hayas hecho. ¡Jesús te llama! Te invita a su mesa
Reflexión del Papa Francisco: palabras a los jóvenes en Lisboa 2023
El Señor los llamó desde el comienzo de sus vidas. A todos nos llamó desde el comienzo de la vida. nos llamó por sus nombres. Escuchamos la palabra de Dios que nos llama por sus nombres. Intenten imaginar estas palabras escritas en letras grandes; y después piensen que están escritas dentro de cada uno de ustedes, en sus corazones, como formando el título de tu vida, el sentido de lo que son: has sido llamado por tu nombre: vos, vos, vos, vos, acá todos nosotros, yo, todos fuimos llamados por nuestro nombre. No fuimos llamados automáticamente. Fuimos llamados por el nombre. Pensemos esto: Jesús me llamó por mi nombre. Son palabras escritas en el corazón y después pensemos que están escritas dentro de cada uno de nosotros, en nuestros corazones y forman una especie de título de tu vida. El sentido de lo que somos, el sentido de lo que son. Has sido llamada por tu nombre, has sido llamado por tu nombre, has sido llamado por tu nombre. Ninguno de nosotros es cristiano por casualidad. Todos fuimos llamados por nuestro nombre. Al principio de la trama de la vida, antes de los talentos que tenemos, de las sombras y de las heridas que llevamos dentro, hemos sido llamados. ¿Hemos sido llamados por qué? Porque somos amados. Hemos sido llamados porque somos amados. Es lindo. A los ojos de Dios somos hijos valiosos, que Él llama cada día para abrazar y animar; para
hacer de cada uno de nosotros una obra maestra única, original. Cada uno de nosotros es único y original y la belleza de todo esto no la podemos vislumbrar.
Somos llamado por el nombre de cada uno de nosotros: no es un modo de decir, es Palabra de Dios (Is 43,1; 2 Tm 1,9). Amigo o amiga, si Dios te llama por tu nombre significa que para Dios ninguno de nosotros es un número, es un rostro, es una cara, es un corazón. Quisiera que en cada uno vean una cosa: muchos hoy saben tu nombre, pero no te llaman por tu nombre. De hecho, tu nombre es conocido, aparece en las redes sociales, se elabora por algoritmos que le asocian gritos y preferencias. Pero todo esto no interpela tu unicidad, sino tu utilidad para los estudios de mercado. Cuántos lobos se esconden detrás de sonrisas de falsa bondad, diciendo que saben quién son, pero que no te quieren; insinúan que creen en ti y te prometen que vas a llegar a ser alguien, para después dejarte solo cuando ya no les interesas más. Y estas son las ilusiones de lo virtual y debemos estar atentos para no dejarnos engañar, porque muchas realidades que hoy nos atraen prometen felicidad, después se muestran por aquello de lo que son: cosas vanas, pompas de jabón, cosas superfluas, cosas que no sirven y que nos dejan vacíos por dentro. Les digo una cosa: Jesús no es así. No es así; Él confía en ti, confía en cada uno de ustedes, en cada uno de nosotros porque para Jesús, cada uno de nosotros le importamos, cada uno de ustedes le importa y ese es Jesús.
Y por eso nosotros, su Iglesia, somos la comunidad de los que son llamados; no somos la comunidad de los mejores, no. Somos todos pecadores, pero somos llamados, así como somos. Pensemos un poquito esto en el corazón. Somos llamados como somos, con los problemas que tenemos, con las limitaciones que tenemos, con nuestra alegría desbordante, con nuestra gana de ser mejores, con nuestra gana de triunfar. Somos llamados como somos. Piensen esto. Jesús me llama como soy, no como quisiera ser.
Somos comunidad de hermanos y hermanas de Jesús, hijos e hijas del mismo Padre. Amigos, quisiera ser claro con ustedes, que son alérgicos a la falsedad y a las palabras vacías: en la Iglesia hay espacio para todos, para todos. En la Iglesia ninguno sobra, ningún está a más, hay espacio para todos. Así como somos. Todos. Y eso, Jesús lo dice claramente cuando manda los apóstoles a llamar al banquete de ese Señor que lo había preparado. Dice: vayan y tragan a todos: jóvenes y viejos, sanos y enfermos, justos y pecadores. Todos. Todos.
Todos. En la Iglesia hay lugar para todos. Padre, pero hoy soy un desgraciado, soy una desgraciada, ¿hay lugar para mí? Hay lugar para todos. Y esa es la Iglesia, la madre de todos. Hay lugar para todos. El Señor no señala con el dedo, sino que abre sus brazos; es curioso, el Señor no sabe hacer eso, sino que hace esto. Nos abraza a todos. Nos muestra Jesús en la cruz, que tanto abrió sus brazos para ser crucificado y morir por nosotros. Él nunca cierra la puerta, nunca, sino que te invita a entrar. Entra y ve. Jesús recibe, Jesús acoge. En estos días, cada uno de nosotros transmite el lenguaje de amor de Jesús. Dios te ama; Dios te llama. Qué lindo que es esto. Dios me ama, Dios me llama. Quiere que esté cerca de Él.
ACTIVIDADES
En base a lo reflexionado en esta catequesis los invitamos a realizar dos consignas:
A- Teniendo presente la bula de convocatoria al año jubilar “La esperanza no defrauda”, especialmente donde habla de los signos de la esperanza, pensar y realizar gestos concretos en la escuela, que favorezcan las obras de misericordia entre los alumnos. Así mismo esto nos tiene que ayudar a tomar conciencia que todos somos signos de esperanza para los demás.
B- Realizar una bandera (2x1 mts) donde este plasmado todo lo reflexionado. La misma le pedimos llevarla el día del torneo, donde realizaremos en concurso a mejor bandera.
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